Jugando al escondite.

No tenía ganas de correr. Sus piernas no respondían. Pero él ya estaba aquí, podía oír sus pasos.

No tenía fuerzas para llorar y temblar de miedo, así que se limitó a encogerse sobre sí misma y esperar su final.

Estaba oscuro, y el mantel que cubría la mesa le impedía ver mucho más allá de sus cuatro patas.

Alguien encendió la luz del pasillo. Se inclinó instintivamente para atrás y apoyó la espalda en la pared. Los zapatos de su perseguidor retumbaban en sus oídos como tambores.

Ya estaba aquí. Podía ver sus piernas en la puerta de la cocina.

Pulsó el interruptor de la luz y avanzó lentamente, buscándola con la vista. Hacía como que no la había visto. ¿Por qué? Ella solo quería que eso se acabara pronto. Ya sabía que no podía ganar, así que, ¿por qué seguir?

De pronto, el hombre fue subiendo lentamente el mantel y cuando ya le podía ver la cara, susurró sonriente “Te encontré

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~ por Stradd en julio 5, 2009.

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